Siempre me ha generado curiosidad todo comentario que critica tecnologías recién lanzadas al mercado o nuevos usos de las anteriores, un ejemplo que me viene a la mente es la publicación de un crítico de cine comentando todo lo que considera incorrecto en el cine 3D, y expone algunos puntos que pudiesen parecer interesantes, sin embargo incluso sus propios lectores están en desacuerdo, solo por citar una de las desventajas que menciona este columnista es que “no añade nada a la experiencia”, me parece que no hay siquiera que defender el hecho de que sí añade y mucho, es equivalente a que un crítico de los inicios del cine considere como un simple recurso comercial el movimiento de cámaras, o como fue considerado en su tiempo como “inútil” el audio. Pero el tema central que me intriga no es ni este columnista ni la tecnología 3D, es el rechazo, casi automático, de los grupos de ciertas edades que conocen el mundo como les tocó a ellos, hacia todo aquello que pudiese cambiar de forma importante las cosas como las conocen y como las dominan.
Es muy probable que se tenga que hablar de las “zonas de confort”, ¿hasta qué punto las nuevas tecnologías me facilitan o mejoran una experiencia, tarea o aspecto de la vida en general? y ¿hasta qué punto tendré que re-aprender todo aquello que ya conocía?, me remite a un pensamiento de injusticia: ¿por qué si ya estudié y domino todo lo que ya sé, he de aprender algo nuevo?, ¿por qué mis áreas de especialidad ya no lo son?, pero estas preguntas me llevan al mismo tiempo al otro lado, el del creador y el público que sí acepta el cambio: ¿qué problema hay con cambiar las cosas, experimentar, generar conocimiento?, ¿qué dificultad tiene seguir aprendiendo, disfrutar del asombro?, ¿qué no el ser humano ha sobrevivido en muchas ocasiones por su capacidad de adaptación?.
Pero más que llevar esto a lugares tan profundos y oscuros, hay otra razón por la cual es probable que todo esto suceda; así como podemos adaptarnos, tenemos que aferrarnos a algo, tener una identidad basada en experiencias, y es claro que nadie quiere que sus experiencias sean consideradas como caducas y por lo tanto perder la identidad, pero recordemos un poco de historia, solo hace falta retroceder a los inicios de la televisión, cuando todo mundo pensaba que la radio moriría, ahora regresemos al presente, aún hay radio, y la televisión tomó su propio camino y fuerza, en muchas ocasiones las nuevas tecnologías, más que reemplazar enriquecen la gama de posibilidades que tenemos los desarrolladores de contenidos y los consumidores, para retomar el ejemplo inicial, el cine 3D no viene a convertir todo, al menos por ahora, es una herramienta que por supuesto, dada su novedad, se explota como elemento de “eye candy”, pero poco a poco se irá transformando en una opción narrativa que el director decidirá si es válida para su producto final o no.
Así como estos hay gran cantidad de caso de cosas que nos asustan solo por el hecho de cambiar nuestros paradigmas, costumbres y/o gustos, sin embargo, siempre y cuando no sean avances que pongan en riesgo la misma supervivencia o calidad de vida en cualquiera de los sectores y niveles sociales, no queda más que emitir opiniones subjetivas como esta, ya que si cualquier tecnología no es aceptada por el público, ya llegará otra y luego de esa otra más; y es un hecho innegable que día a día se seguirán buscando nuevas formas, soluciones y opciones con las que no estaremos, ni tenemos porqué estar de acuerdo.

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